Nuestros Contextos

“Dicen aquí que los más antiguos dicen que otros más anteriores dijeron

que los más primeros de estas tierras tenían aprecio por la figura del caracol

Dicen que dicen que decían que el caracol representa el entrarse al corazón,

que así le decían los más primeros al conocimiento.

Y dicen que dicen que decían que el caracol también representa

El salir del corazón para andar el mundo, que así llamaron los primeros a la vida. Y no sólo:

Dicen que decían que con el caracol se llamaba al colectivo para que la palabra fuera de

Uno  a otro y naciera el acuerdo. Y también dicen que dicen que decían que el caracol

era ayudapara que el oído escuchara incluso la palabra lejana

 

Subcomandante Marcos

La mundialización y convergencia global de la economía y la cultura en el nuevo sistema de relaciones internacionales, la reorganización geopolítica de la estructura mundial de la información, la centralidad de las industrias culturales en los procesos de desarrollo y posicionamiento de la región latina, la paulatina retirada del Estado y la creciente internacionalización y mercantilización del sector cultural constituyen procesos que encuentran oposición en prácticas políticas, científicas y culturales de América Latina.

 

Nuestra región en la última década ha vivido experiencias innovadoras en la democratización del sistema informativo, introduciendo debates como la diversidad cultural, nuevos modelos de estructuración y reparto del espectro radioeléctrico, y una nueva praxis y concepción de la economía política de la comunicación y la cultura.

 

Las políticas de socialización que han liderado la mayoría de los gobiernos  han podido determinar, a medio y largo plazo, el impulso de la industria de contenidos locales y el desarrollo de la creatividad y de las identidades culturales de zonas periféricas, incidiendo positivamente en el empleo y calidad de la producción simbólica en relación con estas cosmovisiones, así como en el protagonismo y rol de los trabajadores intelectuales vinculados a estos procesos. Estos impactos podrán ampliarse en dependencia de la movilización y el respaldo del campo político, académico y sectores populares.

 

Pero, si bien la llegada al poder de gobiernos de signo progresista en algunos de los países del  área, desde los primeros años del Siglo XXI, ha traído consigo una nueva  configuración de fuerzas políticas y sociales, actores vinculados a la comunicación y la información han intentado acortar los márgenes de libertad de la ciudadanía. Los medios de comunicación privados han desplegado discursos abiertamente propagandísticos y corporativistas, con participación activa de las organizaciones gremiales, dispuestos a disputarle directamente la palabra política a los distintos gobiernos nacionales.

 

La comunicación mediatizada se ha convertido en un verdadero campo de batalla político, en el que distintos agentes se disputan la construcción de sentidos hegemónicos sobre el modelo de Estado y de democracia. En ese contexto es que se ha consolidado la nueva subjetividad política, nuevas luchas y formas de resistencia cultural de los movimientos y actores sociales que referíamos, quienes tratan de transformar el espacio público.

 

Paralelamente, la existencia de distintos acercamientos y estrategias de desarrollo de países como Brasil, Venezuela o Argentina, pone de manifiesto la importancia de una alianza y posición común que, a partir de un legado y potencial económico compartido, fortalezca el papel de interlocutor y mediadores culturales en el nuevo sistema internacional, más allá de, y en cooperación con iniciativas como UNASUR, el ALBA o la CELAC.

 

 

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